Mateo capítulo 20
sábado, 20 de septiembre de 2014
“Vayan también ustedes a mi viñedo”
Domingo XXV Ordinario – Ciclo A (Mateo 20, 1-16a) – 21 de septiembre de 2014
Mateo capítulo 20
El reinado de Dios se parece a un hacendado que salió de mañana a contratar braceros para su viña. Se apalabró con ellos en un denario al día y los envió a su viña. Volvió a salir a media mañana, vio en la plaza a otros que no tenían trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos se fueron. Volvió a salir a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Al caer de la tarde salió, encontró otros que no tenían trabajo y les dijo: ¿Qué hacéis aquí parados todo el día sin trabajar? Le contestan: Nadie nos ha contratado. Y él les dice: Id también vosotros a mi viña. Al anochecer, el dueño de la viña dijo al capataz: Reúne a los braceros y págales su jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Pasaron los del atardecer y recibieron un denario. Cuando llegaron los primeros, esperaban recibir más; pero también ellos recibieron un denario. Al recibirlo, protestaron al hacendado: Estos últimos han trabajado una hora y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado la fatiga y el calor del día. Él contestó a uno de ellos: Amigo, no te hago injusticia; ¿no nos apalabramos en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Que yo quiero dar al último lo mismo que a ti. ¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso? Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.
Mateo capítulo 20
domingo, 14 de septiembre de 2014
“(...) hasta setenta veces siete”
Domingo XXIV Ordinario – Ciclo A (Mateo 18, 21-35) – 14 de septiembre de 2014
Cuando las 220 familias de las comunidades de Bojayá, Vigía del Fuerte y otros pueblos del Chocó y Antioquia, a orillas del río Atrato regresaron a sus viviendas, después de la masacre que perpetró la guerrilla de las FARC en medio de ellos, todo el pueblo colombiano quedó admirado de la dignidad de este pueblo. El 2 de mayo de 2002 un enfrentamiento entre la guerrilla y los paramilitares ocasionó una de las más graves tragedias ocurridas en la historia de nuestro país: 119 personas murieron, víctimas de un ataque de la guerrilla, mientras estaban refugiadas bajo el amparo del Templo parroquial de Bojayá. Las familias regresaron a su terruño en varias embarcaciones, una de las cuales llevaba el significativo nombre de El Arca de Noé. Como en el relato bíblico, el arco iris de la paz se convirtió en señal de la alianza de Dios con su pueblo. Pero no todo estaba solucionado. Al regresar, seguía habiendo presencia de la guerrilla y de los paramilitares en la región. Sin embargo, la gente no quería seguir desplazada y regresaron con las pobres garantías que les ofreció el gobierno.
Serafina, una de las señoras que regresó a Bojayá junto con su familia, comentaba: “Me gustó lo de las coplas y las pancartas. Pero la música no. Yo siento que todavía estamos de luto. (...) La familia no la hace la sangre sino la gente que vive con uno. A mí se me murió un primo, pero también casi 70 amigos y vecinos”. No estaban para fiestas ni celebraciones. La memoria de los muertos sigue viva en medio de este pueblo.
Junto a esta realidad, a nivel mundial recordamos en estos días la tragedia que vivió el pueblo norteamericano, y el mundo entero, en el año 2001, lo mismo que las represalias que esta acción terrorista produjo hacia el pueblo afgano y el mundo árabe. Recordamos el golpe militar en Chile, y el asesinato de su presidente, Salvador Allende hace ya 41 años. El dolor sufrido por los pueblos del mundo es tanto, que no podemos sino preguntarnos: ¿Cómo decirle a estas gentes de Bojayá, de Chile, de Afganistán, de la Torres de Nueva York, de Irak, de Palestina… y de tantas otras partes, que no deben perdonar siete veces, sino setenta veces siete? ¿Cómo explicar a una persona que ha sido maltratada o que ha perdido a sus seres queridos, que Jesús nos invita a perdonar como él nos perdona? ¿Perdonar es olvidar?
Aprender a perdonarse a sí mismo y dejarse perdonar es un artículo escrito por el P. Juan Masiá Clavel, S.J. y publicado en un libro que lleva por título “14 aprendizajes vitales”, de la colección Serendipity Maior. En este artículo el P. Masiá afirma que en toda experiencia humana en la que ha habido una herida de alguien hacia su prójimo, existen dos víctimas: la persona agredida y la persona agresora: “La víctima no es solamente la otra persona a la que yo he herido, sino yo mismo. Al hacer mal a otra persona, me he perjudicado a mí mismo”.
Desde esta perspectiva, la parábola que Jesús nos cuenta este domingo nos invita a colocarnos de ambos lados de la experiencia: a veces somos personas perdonadas, pero no sanadas... el perdón de Dios y de los demás no nos garantiza que después nos hagamos capaces de misericordia y compasión. Otras veces herimos y somos heridos cuando herimos. La víctima no es sólo el que es lastimado; también el agresor es víctima que hay que salvar. Esto es, precisamente, lo que Jesús quiere que sus discípulos entiendan y vivan con el milagro del perdón.
Un saludo cordial.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Decano Académico
Facultad de Teología
Pontificia Universidad Javeriana
domingo, 27 de julio de 2014
“El reino de los cielos es como un ...”
Domingo XVII Ordinario – Ciclo A (Mateo 13, 44-52)
– 27 de julio de 2014
Hugo Canavan, teólogo carmelita norteamericano, especializado en
estudios bíblicos y en la animación de pequeñas comunidades de base entre los
campesinos de Colombia, recientemente fallecido, estaba dando un curso de
Biblia en un barrio popular de Bogotá. Yo colaboraba en esa época en las
pequeñas y frágiles Asambleas familiares que iban creciendo en medio de las
luchas entre las pandillas y el hambre que produce el desempleo y la falta de
oportunidades. Recuerdo, como si fuera ayer, la manera como Hugo fue
explicando, en la casa de don Carlos y doña Isabel, la importancia de la
Palabra de Dios para nosotros. Estando en medio de la gente, éramos unas
treinta y cinco personas, contando a las mujeres y los niños, se
quitó las gafas y comenzó a contar:
"Había una vez un señor que pertenecía a una comunidad de base. Su
nombre era Marcos. Todas las semanas participaba de la reunión en la que
hablaban de los problemas del barrio, leían la Biblia y rezaban juntos pidiendo
a Dios o dándole gracias por lo que iba realizando en medio de ellos. Un buen
día don Marcos, que ya tenía setenta y siete años, comenzó a saludar a la gente
con otro nombre; a doña Belén la saludó como si fuera Ángela; a Ángela la
confundió con Mariela; a Saulo lo confundió con Benjamín; a don José lo saludó
como si fuera la señora Josefina. (Mientras Hugo contaba la historia, iba
haciendo la representación de lo que iba diciendo con los miembros de la
comunidad a los que daba el curso y les iba confundiendo los nombres).
Los que estaban presentes no corrigieron a don Marcos. Lo saludaban
naturalmente, aunque sabían que estaba equivocándose. Algunos, después de la
reunión, comentaron lo sucedido. Don Marcos estaba perdiendo la vista... por
eso, decidieron recoger una platica para llevarlo al médico, para que le
formularan una gafas. Así se hizo. La señora Mercedes se encargó de recoger la
colaboración de todos y de llevar a don Marcos al médico. A los quince días
llegó don Marcos otra vez a la reunión con las gafas en las manos y mostrándole
a todo el mundo el regalo que le habían hecho. Evidentemente, como llevaba las
gafas en las manos, volvió a confundir a todo el mundo. Le decía a Carlos: «¡Mire
don Saulo las gafas tan bonitas que me regalaron!»; y a doña Belén le dijo: «¡Cuánto
les agradezco doña Josefina por estas gafas tan buenas que me han regalado
entre todos! ¡Dios se lo ha de pagar!» (Hugo iba representando a don
Marcos con las gafas en sus manos y mostrándoselas a la gente, confundiéndoles
el nombre)".
Después de contar la historia y representarla, Hugo lanzó la pregunta,
«¿Entienden ustedes lo que esto significa?» Y fue recogiendo las conclusiones
que la gente iba sacando: Por ejemplo, decían: «Así pasa con la Biblia; la
gente la recibe y está muy orgullosa de tenerla, pero no la utilizan para lo
que es». «La Biblia no es para mostrarla a los demás, sino para poder ver
a los hermanos que tenemos al lado; es para reconocer a los que sufren junto a
nosotros». «La Biblia es como unas gafas que nos sirven para ver la
realidad con los ojos de Dios; no es para quedarnos viéndola a ella sola y
mostrándola orgullosamente a los demás». «Tener gafas y no colocárselas es
como los que compran la Biblia y luego la colocan en un lugar bien bonito de la
casa, pero nunca la leen en grupo, ni personalmente. Es como un adorno más en
la casa». Y así, sucesivamente...
Las parábolas, que fue la forma como Jesús comunicó los secretos del
Reino a los hombres y mujeres de su época, siguen teniendo hoy un valor
incalculable. Implican a los que las escuchamos en el aprendizaje. No nos deja
por fuera de lo que se está enseñando, sino que nos toca interiormente. Más que
comentar el contenido de la predicación de Jesús, deberíamos hacer como Hugo
Canavan a la hora de comunicar nuestro mensaje a los que tenemos alrededor...
copiarnos su estilo...
Saludo cordial.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Decano Académico
Facultad de Teología
Pontificia Universidad Javeriana
sábado, 19 de julio de 2014
“... pueden arrancar también el trigo”
Domingo XVI
Ordinario – Ciclo A (Mateo 13, 24-43) – 20 de julio de 2014
Monseñor Alberto
Giraldo Jaramillo, Arzobispo emérito de Medellín, a propósito del conflicto que
vive nuestro país y recordando el documento de Puebla, decía en una entrevista:
“la línea divisoria entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada uno. No podemos
decir: ustedes son los malos, nosotros los buenos”. Muy fácilmente, en medio de
los conflictos humanos, tomamos posición y señalamos a los demás como los
malos, sintiéndonos nosotros libres de toda culpa y como voceros de los
‘buenos’. Esto no sólo pasa en el ámbito sociopolítico, sino también en las
relaciones cotidianas, corriendo el peligro de pensar que los problemas se
solucionan desapareciendo al que piensa diferente. Desde luego, esta es una
falacia de la que despertamos tan pronto eliminamos al primer ‘contrario’,
porque más nos demoramos en hacerlo, que en surgir uno nuevo mejorado.
La contradicción
está sembrada en el corazón de nuestra propia existencia. Heráclito (ca.
540-480 a.C.), filósofo griego solía decir: “Pólemos, la guerra, es el
padre de todas las cosas”. Y también afirmaba: “El camino de subida y de bajada
es uno solo y el mismo”, queriendo recoger la percepción que él tenía de la
realidad, en la cual está siempre presente la contradicción... Nuestra vida no es
muy distinta. También en nosotros viven enfrentados el bien y el mal, y querer
negarlo o eliminar totalmente la raíz de lo negativo, es muy arriesgado, porque
se puede dañar también lo bueno.
Esto es,
precisamente, lo que señala Jesús en la parábola del trigo y la cizaña. Dentro
de cada uno de nosotros habita la contradicción y vivimos, permanentemente,
movidos por, lo que san Ignacio de Loyola llama, el Buen Espíritu y el enemigo
de natura humana. Por eso es muy importante discernir
constantemente las mociones (los movimientos) interiores, que pueden
manifestarse como pensamientos, sentimientos o sensaciones que tenemos frente a
los acontecimientos cotidianos de nuestra vida.
Podríamos decir
que el Reino de los cielos se parece a una madre de familia que le sirve a sus
tres hijos un suculento plato de bocachico (pescado de los ríos de Colombia que
tiene la característica de tener muchas espinas) para el almuerzo. El primer
hijo opta por escarbar un poco el pescado y comerse sólo lo pulpito por miedo a
las espinas. El segundo hijo, se come el pescado sin mucho cuidado y se
atraganta con las espinas hasta que le tienen que dar un pedazo de yuca o de
papa para que no se ahogue. Y el tercero, pacientemente, va masticando con
cuidado cada bocado y va sacando a un lado las espinas, hasta que termina de
comerse el delicioso bocachico que su mamá le ofreció.
En nuestra vida
podemos tener una de estas tres actitudes. O esquivar siempre los obstáculos
por miedo a las espinas; o comernos todo sin darnos cuenta de lo que nos puede
hacer daño; o, finalmente, saborearla y degustar toda su riqueza, seleccionando
bien cada bocado, para quedarnos con lo bueno, con los nutritivo, con lo que
nos alimenta, sin despreciar nada de lo que Dios nos brinda con amor, pero sin
tragarnos el veneno y la cizaña que no se pueden eliminar completamente de
nuestra vida.
Un saludo cordial.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Decano Académico
Facultad de Teología
Pontificia Universidad Javeriana
viernes, 29 de noviembre de 2013
Tiempo de Adviendo
Iniciamos el tiempo de adviento con las primeras vísperas
del sábado previo al primer domingo de adviento.
Adviento que significa
venida, llegada.
Todo el
misterio de Dios se puede resumir en la sencilla expresión que describe la
navidad : Dios viene en Jesucristo. Dios es el padre que no olvida a los
hombres y viene a salvarnos; el mismo se da a la humanidad y a cada persona
como vida y plenitud. Todo el adviento está marcado por la sorpresa ante
el misterio de la venida de Dios a nuestra vida humana. La venida de Dios es
una interpelación constante a la humanidad y a cada uno de nosotros.
Podríamos
decir que la interpelación de Dios tiene dos acentos:
- · El primero, el más importante, es una llamada a la alegría de una vida nueva en el amor, la pobreza, la paz. Este es el centro del mensaje de Jesús, el vino nuevo que revienta en odres viejos y lleva a la vida jubilosa y libre de Dios, es lo que celebramos en el tiempo de navidad,
- · el otro acento es el que la iglesia pone de relieve en el tiempo del adviento: el llamado a la vigilia y a la esperanza. Es lo que quieren poner de relieve los signos de este tiempo: los ornamentos litúrgicos morados, los cantos adecuados, la austeridad en las flores, la supresión en la gloria, la corona de adviento, la imagen de la Virgen con el hijo.
El adviento es
una llamada a la esperanza. Dios "se hizo carne y habito entre
nosotros", que el adviento sea una preparación interior para que tengan
sentido todas las expresiones de alegría y celebrar la verdadera navidad, Cristo presente en tu corazón y en tu familia.
Fraternalmente,
Pbro. Armando
Oliva Varela.
Párroco
sábado, 12 de octubre de 2013
Mensaje parroquial octubre 2013
Muy estimados hermanos fieles de esta comunidad
parroquial "Sagrada Familia de Nazaret".
Les
saludo cordialmente deseando lo mejor para Uds. y sus familias., como iglesia
hemos iniciado el mes de octubre dedicado a las misiones, Uds. saben que como
bautizados estamos llamados a preocuparnos por que se siga extendiendo el
evangelio de Jesucristo a más personas y así como los apóstoles responder al
mandato de Jesucristo., "vayan por
todo el mundo y prediquen el evangelio", en nuestros días todavía hay
personas que necesitan ser evangelizadas, necesitamos una nueva evangelización,
nueva en sus métodos, nueva en sus expresiones y nueva en su ardor., contagiar
una fe viva, una fe que convenza , para testimoniar que nosotros hemos tenido
una experiencia de dios, tristemente vemos a nuestro alrededor y vemos personas
que les faltan sacramentos, jóvenes que no han sido bautizados, adultos que se
van a casar y no han hecho su primera comunión, parejas que no han recibido el
sacramento del matrimonio , es una tarea difícil pero no imposible.
Dice Jesucristo, dichosos los que escuchan mi palabra y la ponen en práctica, al escuchar a Jesucristo
no debemos ser indiferentes, al contrario, responderle al Señor y testimoniar
nuestra fe no solo de palabra sino también con las obras., dice el apóstol Santiago:
"demuéstrame tu fe sin obras que yo por las obras te demostrare mi fe"
fe y obras va unido., que Dios nuestro Padre les cuide y acompañe, hasta la próxima.
Fraternalmente,
P. Armando Oliva Varela
jueves, 10 de octubre de 2013
Horario Notaria
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